
En algún momento te detienes, guardas silencio y la música queda en manos de alguien más. Se acerca la primavera. Amas, trabajas, estudias... cuidas de otros y otros cuidan de ti. Se te reseca la garganta. Vas metiendo los pies en el abril más caluroso de los últimos cien años. Y un lunes por la mañana, te sientas nuevamente a escuchar.
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